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13 de Enero, 2007.

 

 

Si no fuera por Miami.



Por Tania Díaz Castro.

Cubanet/Noticuba Internacional.




Ayer era un tal Fariñas quien calificaba a los cubanos de Miami como
guapos de café con leche y catetos sin importancia con un alto nivel
de cipayismo en la sangre. Otro, de apellido Gómez, los llamó buitres
de alcurnia, y a Miami una ciudad alucinante y terrorífica. Aún así,
allí transcurre la vida de estos periodistas cubano-americanos sin la
menor perturbación. Lo que nunca dicen es que si no fuera por Miami,
cientos de miles de familias en Cuba no desayunarían, ni almorzarían,
ni cenarían, porque es de esa ciudad terrorífica de donde provienen
los recursos de miles de cubanos para sobrevivir.

Por acá, entre nuestras rotas calles, edificios en ruinas y libretas
de abastecimiento, tenemos a Agnerys Rodríguez, quien repite ante una
mesa más cuadrada que redonda, que Miami se asfixia, que la mafia
terrorista se muerde su propia cola, en medio de una deteriorada
sociedad.

Ahora, para rematar, dice otro colega del periódico Juventud Rebelde
que los mil cubano-americanos ricos de Miami son ricos porque
heredaron el espíritu de Al Capone y no porque viven bajo un sistema
social emprendedor, donde el que se esfuerza al máximo puede llegar a
realizar su sueño de poseer más que otros.

Para afirmar tan cuestionable hipótesis se ha publicado un
libro: "Miami, dinero sucio", escrito por el periodista Hedelberto
López Blanch, quien confiesa que tuvo acceso a los periódicos en
varias bibliotecas de Estados Unidos y en archivos de las cortes
civil y penal de Miami, donde pudo permanecer largas horas, algo que
se nos prohíbe a los periodistas independientes en la Biblioteca
Nacional y otras dependencias estatales.

Si la revista Hispanic Trade U.S. Today afirma que los cubano-
americanos poseen 138 de las 500 compañías hispanas más grandes de
Estados Unidos, yo agregaría que pese a las prohibiciones del régimen
cubano, mucho de lo que consume diariamente la población de la Isla
no lo adquiere en los centros comerciales del estado, sino a través
de vendedores clandestinos, que lo mismo venden paquetes de
espaguetis, golosinas y pescado fresco, como verduras, leche de vaca,
detergente y hasta camarones y langostas.

Así es el cubano: luchador, emprendedor. Sabe cómo burlar las leyes
económicas del socialismo, y sabe también abrirse paso en una
economía de mercado que no le prohíbe a nadie levantar cabeza.

Me gustaría decirle al colega Hedelberto que yo tengo un hijo en
Miami desde 1989; que comenzó con su esposa arrancando la hierba de
jardines particulares con sus manos. Al poco tiempo eran dueños de
una pequeña empresa que arregla jardines.

Me pregunto a dónde van a parar estos pronunciamientos, lo mismo en
la prensa oficialista que en la pantalla chica; y además, en libros
de cortas tiradas, frente a cientos de miles de cubanos que esperan
por sus trámites migratorios para disfrutar de la mencionada sociedad
deteriorada de Miami, para trabajar allí, con esa mafia que abre los
brazos a todo el que llega en busca de trabajo y prosperidad, e
incluso, donde se abren las puertas de las grandes bibliotecas
a todo aquél que anda en busca de datos para cualquier trabajo
histórico.

Baste decir que hasta la Embajada de España tiene su interminable
cola diaria de cubanos a un costado del edificio que aspiran a una
visa, porque prefieren vivir en la península ibérica, a pesar del
terrorismo de ETA, que en el paraíso cubano. Aún así, el señor López
Blanch dice que no sale de su sorpresa al ver cómo en tan corto
período de tiempo -nada menos que casi medio siglo- los cubanos
pudieron progresar económicamente. Parece que se olvidó de aquellos
cubanos llamados gusanos, provenientes de Miami, que convertidos al
poco tiempo en mariposas, visitaron Cuba cargados de dinero y regalos
para la familia, cuando todavía nadie llamaba mafia a la sociedad
miamense.

O tal vez esté convencido de que un desarrollo económico se obtiene
después de largos siglos de socialismo y nunca en sólo 48 años de
libertad.