8 de Diciembre del 2004

 

¿Hipocresia?

Por Alexander Torres Mega

Los delicados episodios de estos días, nos permiten ver -una vez más- a militantes marxileninistas utilizando un discurso que finge apoyarse en convicciones democráticas. Si el lector percibe y comparte la maniobra que aquí se describe, conviene que modifique este título suprimiendo los signos de interrogación. O mejor, sustituyéndolos por signos de admiración.

Sincero es quien se expresa con veracidad y sin doblez mientras que hipócrita es aquél que finge ser lo que no es, el que representa lo que no piensa ni siente.

En cuestiones ideológicas, la simulación por parte de activistas del marxismo es cada día más notoria. Cuando el marxileninismo se muestra tal cual es, con toda su perversidad intrínseca al descubierto, la opinión pública lo rechaza enérgicamente. La injusticia de su doctrina antinatural y la brutalidad de sus métodos han merecido la más severa condena. Para evitar ese rechazo, el marxileninismo pretende aparentar lo que no es. Finge sistemáticamente, simula para postergar o impedir la reacción que provocan sus fines y sus métodos cuando aparecen a cara descubierta.

Ellos constituyen una secta filosófica, materialista y atea, liberticida y apátrida. Responden a una concepción transpersona-lista que desemboca en el totalitarismo más opresivo. Han logrado dominar territorios y someter tiránicamente a millones de almas aunque no han podido convencerlas.

Las más sutiles tácticas psicopolíticas pretenden ocultar que el marxileninismo le niega al individuo, frente a la colectividad, todo derecho natural. Sin embargo, tanto los militantes sindicales y estudiantiles afiliados al marxismo como los políticos del mismo signo ideológico, usan siempre un discurso que pretende hacernos creer que ellos son los paladines de los derechos humanos y del régimen democrático. En realidad, quieren que todos los resortes de la vida, todas las actividades humanas queden subordinadas a un Estado omnipotente y omnipresente. La persona es considerada como un medio o un simple instrumento al servicio de fines supraindividuales.

Según ellos, el Estado es lo principal y el hombre apenas lo accesorsio, que sólo vale en cuanto se desindividualiza y se somete a lo colectivo. El individuo, entonces, existe para la sociedad y debe producir para la colectividad.

Bien puede imaginar el lector que tipo de respuesta encontrarían los políticos y agitadores marxileninistas si proclamaran, conforme a la doctrina que los inspira, su auténtica posición con respecto a temas tales como la familia, la religión, el Estado, etc.

Resumiendo, las siguientes son algunas de las características del totalitarismo marxileninista que se ocultan tras el maquillaje discursivo aparentemente filantrópico y pseudo democrático de sus activistas:

· No reconocen derechos individuales, naturales, anteriores y superiores al Estado. Se produce una absorción de las libertades fundamentales por parte del Estado omnímodo.

· Consideran que la familia debe ser destruida por tratarse de una "institución burguesa inventada por la Iglesia".

· Estamos ante un dios-Estado, un Moloch ante el cual se sacrifican todos los derechos individuales y todas las libertades fundamentales.

* Identificación estado-gobierno-partido. Elpoder del estado es ilimitado. Los órganos de gobierno tienen competencia imprecisa. Es la situación diametralmente opuesta a la del Estado de Derecho. ("Dictadura del proletariado es la dominación no restringida por la ley y basada en la fuerza".)

* Son partidarios del régimen de partido único y combaten a sangre y fuego toda forma de eventual oposición política.

* Buscan sustentarse en un mito o ficción: la liberación del proletariado.

* Constituyen típicos gobiernos de fuerza (antagónicos al tipo de los "gobiernos de opinión" que son aquellos que se apoyan en el consentimiento de la población libremente expresado.)

* Promueven un verdadero culto a la violencia sin detenerse ante ley divina, natural o humana. Sin escrúpulos, aplican los más brutales métodos de acción. Emplean la guerra de conquista como medio de expansión. Promueven revoluciones y crímenes ("Todo lo que contribuya a la rebelión es moral.")

* Militancia atea del estado-gobierno-partido con hostilidades hacia la religión y la Iglesia (Aplicación de lo dicho por Lenin: "Dios es el enemigo personal de la sociedad comunista" (Carta a Gorki, dic.1913, "Le marxisme-laninisme", J. Ousset, p.132). Por tanto, guerra a Dios y combate a la religión a la que califican de "opio de los pueblos".

* Negación del derecho de propiedad. ("Podemos resumir nuestra doctrina con esta proposición: la abolición de la propiedad privada", afirman de manera contundente Marx y Engels en el "Manifiesto Comunista").

El derecho a la propiedad particular se origina en la libertad y reposa en ella. La abolición de la propiedad privada implica la negación de la misma libertad. Conculcada la propiedad privada, todos los derechos individuales quedan sometidos al arbitrio despótico del Estado. La supresión de la iniciativa particular genera la tiranía política. La estatización de la economía, la carencia de estímulo y el desconocimiento de la fecundidad propia de la iniciativa particular no sólo arruina la producción sino que conduce a la miseria y al despotismo. Todo lo dicho es de validez universal sin perjuicio de la función social del derecho de propiedad que -como todo derecho individual- obviamente posee. Pero no puede aceptarse que esa función social sea concebida de modo tal que extinga el mismo derecho, que devore el órgano que debe ejecutarla.

El marxileninismo se interesa en los asalariados NO por ser débiles u oprimidos sino porque constituyen una fuerza al servicio de sus designios. Fabrican conflictos, instigan la lucha de clases, fomentan descontentos, promueven revoluciones y crímenes porque NO se trata de curar las heridas sino de machacarlas como sostenía Engels. Son revolucionarios y no filántropos.

Estas perversas metas son reveladas sólo a los iniciados en la secta materialista cuando llegan a poseer un grado suficiente de corrupción ideológica como para aceptar semejante aberración. Al gran público nada de esto. Para las masas han creado incontables y eficaces artificios psicopolíticos que se caracterizan por esquivar las definiciones doctrinarias claras. La conclusión se impone: los militantes del marxileninismo no hacen otra cosa más que usar las libertades que le ofrece la democracia con el fin de destruirla.-