Por Alexander Torres
Mega
Los delicados episodios
de estos días, nos permiten ver -una vez más- a militantes
marxileninistas utilizando un discurso que finge apoyarse en convicciones
democráticas. Si el lector percibe y comparte la maniobra que
aquí se describe, conviene que modifique este título
suprimiendo los signos de interrogación. O mejor, sustituyéndolos
por signos de admiración.
Sincero es quien se expresa con veracidad y sin doblez mientras que
hipócrita es aquél que finge ser lo que no es, el que
representa lo que no piensa ni siente.
En cuestiones ideológicas, la simulación por parte de
activistas del marxismo es cada día más notoria. Cuando
el marxileninismo se muestra tal cual es, con toda su perversidad
intrínseca al descubierto, la opinión pública
lo rechaza enérgicamente. La injusticia de su doctrina antinatural
y la brutalidad de sus métodos han merecido la más severa
condena. Para evitar ese rechazo, el marxileninismo pretende aparentar
lo que no es. Finge sistemáticamente, simula para postergar
o impedir la reacción que provocan sus fines y sus métodos
cuando aparecen a cara descubierta.
Ellos constituyen una secta filosófica, materialista y atea,
liberticida y apátrida. Responden a una concepción transpersona-lista
que desemboca en el totalitarismo más opresivo. Han logrado
dominar territorios y someter tiránicamente a millones de almas
aunque no han podido convencerlas.
Las más sutiles tácticas psicopolíticas pretenden
ocultar que el marxileninismo le niega al individuo, frente a la colectividad,
todo derecho natural. Sin embargo, tanto los militantes sindicales
y estudiantiles afiliados al marxismo como los políticos del
mismo signo ideológico, usan siempre un discurso que pretende
hacernos creer que ellos son los paladines de los derechos humanos
y del régimen democrático. En realidad, quieren que
todos los resortes de la vida, todas las actividades humanas queden
subordinadas a un Estado omnipotente y omnipresente. La persona es
considerada como un medio o un simple instrumento al servicio de fines
supraindividuales.
Según ellos, el Estado es lo principal y el hombre apenas lo
accesorsio, que sólo vale en cuanto se desindividualiza y se
somete a lo colectivo. El individuo, entonces, existe para la sociedad
y debe producir para la colectividad.
Bien puede imaginar el lector que tipo de respuesta encontrarían
los políticos y agitadores marxileninistas si proclamaran,
conforme a la doctrina que los inspira, su auténtica posición
con respecto a temas tales como la familia, la religión, el
Estado, etc.
Resumiendo, las siguientes son algunas de las características
del totalitarismo marxileninista que se ocultan tras el maquillaje
discursivo aparentemente filantrópico y pseudo democrático
de sus activistas:
· No reconocen derechos individuales, naturales, anteriores
y superiores al Estado. Se produce una absorción de las libertades
fundamentales por parte del Estado omnímodo.
· Consideran que la familia debe ser destruida por tratarse
de una "institución burguesa inventada por la Iglesia".
· Estamos ante un dios-Estado, un Moloch ante el cual se sacrifican
todos los derechos individuales y todas las libertades fundamentales.
* Identificación estado-gobierno-partido. Elpoder del estado
es ilimitado. Los órganos de gobierno tienen competencia imprecisa.
Es la situación diametralmente opuesta a la del Estado de Derecho.
("Dictadura del proletariado es la dominación no restringida
por la ley y basada en la fuerza".)
* Son partidarios del régimen de partido único y combaten
a sangre y fuego toda forma de eventual oposición política.
* Buscan sustentarse en un mito o ficción: la liberación
del proletariado.
* Constituyen típicos gobiernos de fuerza (antagónicos
al tipo de los "gobiernos de opinión" que son aquellos
que se apoyan en el consentimiento de la población libremente
expresado.)
* Promueven un verdadero culto a la violencia sin detenerse ante ley
divina, natural o humana. Sin escrúpulos, aplican los más
brutales métodos de acción. Emplean la guerra de conquista
como medio de expansión. Promueven revoluciones y crímenes
("Todo lo que contribuya a la rebelión es moral.")
* Militancia atea del estado-gobierno-partido con hostilidades hacia
la religión y la Iglesia (Aplicación de lo dicho por
Lenin: "Dios es el enemigo personal de la sociedad comunista"
(Carta a Gorki, dic.1913, "Le marxisme-laninisme", J. Ousset,
p.132). Por tanto, guerra a Dios y combate a la religión a
la que califican de "opio de los pueblos".
* Negación del derecho de propiedad. ("Podemos resumir
nuestra doctrina con esta proposición: la abolición
de la propiedad privada", afirman de manera contundente Marx
y Engels en el "Manifiesto Comunista").
El derecho a la propiedad particular se origina en la libertad y reposa
en ella. La abolición de la propiedad privada implica la negación
de la misma libertad. Conculcada la propiedad privada, todos los derechos
individuales quedan sometidos al arbitrio despótico del Estado.
La supresión de la iniciativa particular genera la tiranía
política. La estatización de la economía, la
carencia de estímulo y el desconocimiento de la fecundidad
propia de la iniciativa particular no sólo arruina la producción
sino que conduce a la miseria y al despotismo. Todo lo dicho es de
validez universal sin perjuicio de la función social del derecho
de propiedad que -como todo derecho individual- obviamente posee.
Pero no puede aceptarse que esa función social sea concebida
de modo tal que extinga el mismo derecho, que devore el órgano
que debe ejecutarla.
El marxileninismo se interesa en los asalariados NO por ser débiles
u oprimidos sino porque constituyen una fuerza al servicio de sus
designios. Fabrican conflictos, instigan la lucha de clases, fomentan
descontentos, promueven revoluciones y crímenes porque NO se
trata de curar las heridas sino de machacarlas como sostenía
Engels. Son revolucionarios y no filántropos.
Estas perversas metas son reveladas sólo a los iniciados en
la secta materialista cuando llegan a poseer un grado suficiente de
corrupción ideológica como para aceptar semejante aberración.
Al gran público nada de esto. Para las masas han creado incontables
y eficaces artificios psicopolíticos que se caracterizan por
esquivar las definiciones doctrinarias claras. La conclusión
se impone: los militantes del marxileninismo no hacen otra cosa más
que usar las libertades que le ofrece la democracia con el fin de
destruirla.-
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