23 de Junio del 2005

 

 

La Havana Muere.

La Habana muere
La Habana, ciudad bahía abierta en abanico a las brisas del
Caribe y al sol del
trópico, iluminada por el Morro y vigilada severamente por la Fortaleza de
la
Cabaña. Ciudad, más paleta de pintor que colorama turístico, era
habitada
por
una mezcla inigualable de razas y de gente dicharachera, ocurrente,
musical

y
fiestera. De gente abierta y siempre sonriente. Todo, hasta el tranvía,
discurría con el fondo musical del
ban ban de unos tambores. Todo, hasta la siesta española del mediodía
candente,
era con colores y ritmo pausado. Niños y adultos reían, bailaban,
tomaban
café
y coloreaban con sus figuras al espacio Capital.
Hablé en pasado.
Una sombra funesta descendió sobre la ciudad paleta de
pintor.
Y la sombra maligna se llevó las sonrisas y los colores.
Y dejó niños sin luz y con rictus amargo en la mirada .
Y espacios apagados. Y casas sin color y sin techo y
sin ventanas.
Y tristeza en la
mirada y en las entrañas.
Pobre ciudad.
Hoy la luz del Morro vigila para sorprender si alguien

sonríe y La Cabaña es la boca caníbal de la ciudad prisión esperando
comerse
los colores de la vieja capital.
Que pena, mi ciudad se muere de oscuridad.¡¡¡
Está enferma de abandono.
Contaminada de descuido.
Su prematura vejez es solo ignominia y dejadez.
Han dejado que se muera la reina tropical del Caribe.
Cambiaron su alegría, sus tranvías y su ban ban, por un
disfraz de discurso, de panfleto, de mentiras.
Se muere La Habana.
Sus restos, que son ruinas gloriosas del recuerdo del
Curita, de los hermanos Morales, de Carlos González y de los huecos
húmedos del salitre y de la sangre seca del paredón marinero de la Cabaña,
quedaron para la Historia como un multifacético Coliseo Romano, repetido en

mimi escenas a lo largo de toda una ciudad, nueva en la Historia,
envejecida en
lo real maravilloso de un tirano insensible, momia andante de una idea
muerta, que contaminó la alegría y el ban ban de mi ciudad llorada.
Las imágenes se acompañan.
El dolor está en cada uno.